martes, 15 de mayo de 2012

–Hola, Boo –le dije.

"Matar un ruiseñor es el mayor pecado, ya que lo único que hace es alegrarnos con sus trinos."

Es sabido que, en raras ocasiones, coinciden gentes con una visión original y única del mundo y, eso es lo raro, combinan esas percepciones diversas con sus distintas habilidades dando lugar a una obra que se distingue, precisamente, por ser un conjunto absolutamente perfecto e irrepetible. En ese arte multidisciplinar que es el cine, se han dado varios casos en la historia. Era preciso que, tarde o temprano, uno de esos casos de magia narrativa visitara nuestras reuniones. Una de esas obras donde, desde su primer formato, la novela, todo parece fácil. Donde sólo si nos apartamos por un momento del disfrute de la obra, podremos apreciar su complejidad. Y su realización como obra cinematográfica, más de lo mismo.

Es tan difícil hacer que todo fluya, y tan fácil de entender al tiempo, que sólo en contadas ocasiones un grupo de gente tan diversa, pero con las cosas tan claras, se pueden sentir satisfechos con su trabajo. Y si dos obras han sido de sobra reconocida, ambas llevan un mismo título: Matar un ruiseñor.
 .


Harper Lee, según la teoría vilamatiana, sería una Bartleby de lujo. Una sola novela, un Premio Pulitzer. Dicen que su amigo Truman Capote nunca se repuso (él esperaba ganar el Premio con A Sangre Fría). La mezcla directa de recuerdos inventados (¿los hay de otra clase?), novela social, generacional, testamento de un país en la absoluta miseria económica y moral, con unos héroes gigantes, precisamente porque aún se mueven por el ser, no por el tener, con unos principios sólidos, y una valentía que sólo tiene que ver con la defensa de los ideales que se han adquirido de forma natural: en la infancia.

Harper Lee con Scout, su pequeña protagonista y narradora. (Foto: Leo Fuchs)

De la mano de la narradora iremos conociendo la historia de la familia, de sus vecinos, de los terribles sucesos en que se ven mezclados, irán apareciendo personajes que forman el microcosmos de la novela. Algunos nos resultarán horribles, otros, de una talla moral admirable. Entre los secundarios, veremos a un pequeño remedo del amigo escritor, Capote, ya con una imaginación desbordante.


El éxito de la novela precipitó su adaptación al cine. Pero una novela con tantos mensajes bien podría haberse perdido en la narratividad fílmica, proclive a eliminar todo cuanto no sea estrictamente necesario en la historia. La suerte fue, tal vez, contar con un director bastante peculiar y un experto guionista, Horton Foote, que supieron trasladar algo más que el espíritu de la novela, algo nada fácil en esta obra tan llena de vida y muerte.

Robert Mulligan, como otros directores de su generación, comenzó en la televisión (Hitchcock, en cambio, sería un caso genial de adaptación al medio, pues pertenece a la saga de los directores cinematográficos cuyos inicios se remontan a las silent movies). Series como Suspense (en cuya primera temporada, de 1949-1954, trabajó Mulligan) tradujeron los seriales radiofónicos a la pequeña pantalla. Pero el lenguaje televisivo haría cambiar la manera de contar historias, influyendo en la gran pantalla hasta nuestros días. En cualquier caso, parece que To Kill a Mockingbird marcaría un hito difícilmente superable en la carrera de este excelente profesional.

Robert Mulligan con su pequeña actriz, Mary Badham. (Foto: Leo Fuchs)

Antes de continuar, un adelanto de la mano de dos colaboradores: Elmer Bernstein y Stephen Frankfurt: contiene todos los elementos de la historia, en realidad (denle al play).

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El excelente trabajo de Stephen Frankfurt para los créditos iniciales (y de nuevo aparece aquí la influencia creativa de la televisión: Alan J. Pakula, el productor de nuestro film, había visto sus trabajos para spots televisivos, y años después, SF estaba en la cumbre de la prestigiosa firma de publicidad Young & Rubicam, a lo Mad Men -otra vez la tele-, aunque nunca dejó de diseñar para el cine), lleno de símbolos y evocación del contenido argumental, o casi diríamos sensorial de la narración, es una buena manera de introducirnos en el componente sonoro de la película. 

Mary Badham como Scout. (Foto: Leo Fuchs).

Elmer Bernstein fue uno de los grandes compositores de bandas sonoras, llegando su trabajo hasta su fallecimiento, en 2004. De sus últimos días es la música de Gangs of New York, de Scorsese (2002, a sus 80 años).

Las melodías de Bernstein acompañan el deambular de los críos, resaltando la inocente seriedad de Scout y sus compañeros de aventuras. Posee un cromatismo sólo comparable a las cadencias inventadas de los tarareos infantiles, aunque su estilo arraigado en las melodías populares americanas lo enlazan con quien fue su mentor y maestro, Aaron Copland.

Atticus acunando a Scout. (Foto: Leo Fuchs).   

Pero sin duda, el acierto que más queda en la memoria colectiva es el reparto escogido para esta producción de ensueño: un Gregory Peck como figura paterna modélica, en lo más alto del dominio interpretativo; unos niños absolutamente calcados de las páginas de Harper Lee: la rebelde Scout, el 'responsable a la fuerza' Jem, el imaginativo compañero estival de correrías, Dill (Mary Badham, Phillip Alford, John Megna); el misterioso 'Boo' Radley (un impresionante Robert Duvall); las familias negras dignísimas (la shakespeariana Calpurnia, Estelle Evans, o el reo prejuzgado, Tom Robinson, Brock Peters); la 'basura blanca' (Collin Wilcox y James Anderson), el sheriff, el pastor, las vecinas... un pequeño universo abarcable gracias a unos secundarios magníficos y a un trabajo de dirección impecable.

Podremos discutir cuán cerca estamos de los prejuicios, la miseria, el racismo, los convencionalismos hurtando el lugar de la verdadera moralidad y de los valores y derechos humanos, más allá de la distancia que nos separa de la época retratada en la creación de Harper Lee (que tal vez no sea tanta, tal como van las cosas). Podremos vibrar con las interpretaciones, comparar la manera de contar una historia con palabras o con texto visual y sonoro. Tenemos mucha suerte.

El poder contar con la Filmoteca del IVAC para disfrutar de esta película, y también de nuestro experto favorito, José Antonio Hurtado, su jefe de programación, hace mucho más impaciente la espera. Podemos devorar el libro mientras tanto, pues a él dedicaremos, como es habitual, nuestro Taller de Lectura en nuestra acogedora Biblioteca Pública (acogedora sobre todo por quienes trabajan tanto en ella y la ponen a nuestra disposición, también a veces heroicamente).

Así pues,

Ciclo La Letra en la Imagen: Matar un ruiseñor


Proyecciones del film To kill a mockingbird (Robert Mulligan, 1962): en la Filmoteca del IVAC, 
  • miércoles, 6 de junio, a las 20:00 h.
  • domingo, 10 de junio, a las 18:00 h.



Taller de Lectura de Matar un Ruiseñor, de Harper Lee (1961), y Análisis Fílmico, por José Antonio Hurtado, de la Filmoteca del IVAC, en la Biblioteca Pública de Valencia,
  • lunes, 11 de junio, a las 18:00 h., en la Sala Fondo Local.

Les esperamos pintando con ceras... en Alabama, en blanco y negro.


3 comentarios:

  1. ¡Hola amigos! Vuestro blog ha sido premiado con el ciberpremio Liebster blog, concedido en este caso por la blogger autora de "A Zenia le gusta escribir", o sea yo ;-)
    Os dejo el enlace por si queréis saber más sobre estos ciberpremios, o dejar algún comentario. Besos.

    Zenia

    http://azenialegustaescribir.blogspot.com.es/2012/06/un-premio-que-bien.html

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    1. Muchas gracias, preciosa amiga. Tal honor que nos otorga sólo será totalmente satisfactorio si nos honra también con su participación en nuestros Talleres de Lectura. El del lunes próximo, arriba anunciado, promete mucha belleza, literaria y cinematográfica. Si aún no ha visto la película, esta misma tarde, a las 18:00 h., hay un pase en la Filmoteca. En cuanto a la novela, si no la ha leído, puede asistir igualmente : después del Taller es muy probable que sienta el impulso de leerla.
      Abrazos,

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    2. ERROR: La proyección es mañana, domingo, no hoy. Mis disculpas.

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